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Las normas han existido desde que se aceptaron los
primeros registros históricos. Algunos fueron creados por real decreto. Por
ejemplo, el rey Henry I de Inglaterra estandarizó las medidas, en 1120,
instituyendo la medida de longitud inglesa, the ell, que era equivalente
a la longitud de su brazo.
Algunas normas eran consecuencia del deseo del
hombre de armonizar sus actividades con los cambios importantes en el medio
ambiente. Otros fueron creados en respuesta a las necesidades de una sociedad
cada vez más compleja.
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El mundo antiguo
Uno de los primeros ejemplos de la estandarización fue la
creación de un calendario. Las civilizaciones antiguas se fiaron del movimiento
aparente del sol, la luna y las estrellas, para determinar el tiempo apropiado
para plantar y cosechar sus cultivos, para celebrar las vacaciones y para
recordar los acontecimientos importantes.
Hace unos 20,000 años, nuestros antepasados del período
glaciar en Europa, hicieron las primeras tentativas rudimentarias para recordar
los días, trazando líneas en las cuevas y haciendo hoyos en palos y huesos. Más
tarde, conforme las civilizaciones iban desarrollando su agricultura y
empezaban a cultivar las tierras, necesitaron crear maneras más precisas de
predecir los cambios estacionales.
Los sumerios en el valle del Tigris y el Eúfrates idearon
un calendario muy semejante al que utilizamos hoy. Hace 5,000 años, el granjero
sumerio utilizaba un calendario que dividía el año en meses de 30 días, cada
día se dividía en 12 horas y cada hora en 30 minutos.
Los egipcios fueron los primeros en desarrollar
el calendario de 365 días y se puede acreditar que, gracias a ellos, 4236 AC
fue el primer año en la historia registrada. Basaron la medición del año en la
aparición en el horizonte celeste de Sirio, o “la Estrella de perro”,
cada 365 días. Era un acontecimiento importante porque coincidía con la
inundación anual del Nilo, que fertilizaba la tierra utilizada para plantar las
cosechas.
Fuentes:
ElNational Institute of Standards and
Technology (NIST),
una agencia del U.S. Department of Commerce.
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La Revolución Industrial
Con la llegada de la Revolución Industrial en el siglo
XIX, la demanda creciente para transportar mercancías de un lugar a otro llevó
a la creación de formas más avanzadas de transporte. La invención del
ferrocarril creó una manera rápida, económica y efectiva, de mandar los
productos atravesando el país. Esta proeza se hizo posible por la
estandarización del calibre ferroviario, que estableció la distancia uniforme
entre las dos vías del tren (Es fácil imaginar el caos y la pérdida de tiempo
si un tren que partiera de Nueva York tuviera que descargar en S. Louis porque
las ruedas del tren no pudieran alinearse con las nuevas vías férreas) Este fenómeno
obstaculizaba los primeros viajes en tren por América del Norte.
Durante la Guerra Civil, el gobierno de EEUU
reconoció las ventajas económicas y militares de haber estandarizado el calibre
ferroviario. El gobierno trabajó con los responsables de los ferrocarriles para
promover el uso del ancho ferroviario más común en los EEUU que, en aquel
tiempo, resultó ser de 4 pies, 8 ½ pulgadas, un vestigio de su origen inglés.
Esta medida fue impuesta por mandato en el trazado del ferrocarril
transcontinental en 1864 y en 1886 se convirtió en la norma para todo EEUU.
Fuentes:
Federal Railroad Administration,
una agencia del
U.S. Department of Transportation,
la Association of American
Railroads y la
U.S. Dept. of Defense’s
Defense Standardization Program Office
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El siglo XX
Las ciudades experimentaron un tremendo crecimiento en el
siglo XX, trayendo una prosperidad creciente a América del Norte y atrayendo
cada vez a más personas hacia los centros urbanos. Cuando las ciudades llegaron
a ser más sofisticadas y sus infraestructuras más complejas, pareció evidente
que para asegurar la seguridad de los habitantes de la ciudad sería necesario
establecer un único conjunto de normas nacionales.
En 1904, un fuego arrasó el sótano del edificio de John
E. Hurst & Company Building, una compañía de Baltimore. Después de
alcanzar a la estructura entera, el fuego se expandió de edificio en edificio
hasta cubrir un área que abarcaba 80 manzanas de la ciudad. Para ayudar a
combatir las llamas, los refuerzos de Nueva York, Filadelfia y Washington, DC,
respondieron inmediatamente, pero no fueron de utilidad. Sus mangueras no pudieron
conectarse porque no cabían en las salidas de las bocas de incendio de
Baltimore. Se vieron forzados a mirar impotentemente como se extendían las
llamas, el fuego destruyó, aproximadamente, 2,500 edificios y duró más de 30
horas.
Era evidente que se debía desarrollar una nueva norma
nacional para prevenir casos semejantes en el futuro. Hasta entonces, cada
municipio tenía su propio conjunto de normas para el equipo de bomberos. Como
resultado, se investigaron unos 600 acoplamientos de mangueras de todo el país,
y un año después se creó una norma nacional para asegurar la uniformidad en el
equipo antifuegos y la seguridad de los estadounidenses en todo el país.
Extractos de "A Look From Yesterday to
Tomorrow on the Building of Our Safety Infrastructure," de Casey
C. Grant, P.E., National Fire Protection Association (Presentados en el NIST
Centennial Standards Symposium, el 7 de marzo de 2001).
Fuentes:
National Fire Protection Agency
International y
National Safety Council.
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